Sabía que el tiempo a oscuras no duraría por siempre, no porque haya buscado salir de ese estado, es más, creo que me dormí conscientemente ahí para no actuar, compré boletos en primera fila para ver el paso de mi vida como si fuese una mala película, notaba cómo perdía tiempo en una causa perdida, lo sabía, y si decía lo contrario era porque uno trata de tener esperanzas puestas en algo o alguien para sentirse vivo. Me dejé estar en esa especie de hipnosis, me sentía enfrascada, prisionera, atrapada. No era y no es fácil salir de ese estado cuando uno no quiere, mucho menos, consciente de que soy de esas personas de procesos lentísimos, que va asumiendo de a poco lo que ocurre, o que al final terminan por acostumbrarse simplemente a los cambios y a las decisiones de los demás.
De esta forma, fueron pasando los meses, y mientras esta historia seguía estancada - porque era igual que esos juegos que uno tenía en la infancia, daba un paso al frente y salía la tarjeta roja que decía "usted retrocede 10 espacios" – me dediqué a otras cosas, me mantuve siempre ocupada para no pensar (mentira, siempre pienso, mi mente es una máquina que trabaja hasta durmiendo), mejor dicho para no tomar decisiones. Entre las muchas celebraciones que en paralelo a
Dejé que el tiempo hiciera su trabajo, viví cada sentimiento que tenía guardado, lloré todas las lágrimas de esa pena hasta que no salieron más, no involucre a terceras personas en esta historia para sanarme - intencionalmente al menos no lo hice -, regresé a esta ciudad traicionera con ilusiones de que quizás estando acá podría cambiar el destino. Volví a creer en el amor que algún día sentí pero sabía que me estaba auto engañando, eso que había aquí dentro ya no existía, se que en su momento ese amor era tan grande, tan fuerte, que todo lo soportaba. Jamás había querido de esa forma ni tampoco había entregado tanto, pero seguía mintiéndole a la única persona que no debía hacerlo, a mi misma. Esto ya era cualquier cosa menos amor. Rabia, pena, dolor, frustración, decepción, se fusionaban para dar cuerda a este juego, que si esta vez no me cuidaba, terminaría quemada por completo. El juego se convirtió en quién aguantaba más, en competir por quién era el más fuerte, quién realmente sabía jugar con fuego y no quemarse, era casi como tener diabetes y querer probar ese pastel que está en la vitrina de la mejor pastelería de la zona, una excitante tentación que sabes que finalmente te dejará en coma diabético. Y aún así, continué ahí, sabiendo que no era lo correcto, tomé una decisión y seguí en ese juego dañino pero ahora con una estrategia bajo la manga, porque debía ganar – esto me hace suponer que prácticamente estaba obsesionada con la idea de no volver a perder, o mejor dicho, con hacer perder al otro -, jugué, no opusieron resistencia como era de esperarse, y para ser sincera disfruté de aquello. Sin embargo, olvidé que estaba jugando, comencé a simular y brotó nuevamente ese sentimiento de vacío, que siempre, incluso con él había sentido hasta que llegó un momento que me restregó en la cara que estaba actuando como otra persona, de esas que yo siempre critiqué y que nunca quise ser. Yo en realidad, esperaba eso, algo fuerte, que doliera, que me dijera lo que siempre supe, ya no lo amaba.
Entonces gané, no era necesario repetir el juego una y otra vez si ya sabía las trampas y mañas para ganarlo y, además, las consecuencias que eso traía consigo. Me di cuenta que siempre entregué mucho sin exigir nada a cambio, algo que sigo creyendo no es errado, pero trataba de llenar mi soledad con personas vacías que no valoraban el cariño, la preocupación, la compañía, la amistad, el compromiso, la complicidad, la confianza y la libertad. Olvidé lo que es sentirse feliz con alguien a tu lado, dejé que abusaran de mi paciencia y de mi amor por no estar sola, por creer que el amor todo lo puede, y quizás sí pero el amor mutuo no el individual, no cuando una sola parte entrega. Nunca he vivido el amor correspondido, al menos no con la misma intensidad, yo creo que cuando eso ocurra, será porque habré encontrado al gran amor de mi vida. Qué equivocada estaba, si en realidad más soledad se siente estando en una relación sin amor, creo que había olvidado lo que realmente busco.
Es increíble cómo el pronunciar una palabra, repetirla y convencerse de que está bien dicha y en el momento adecuado pueda cambiar tu vida, "BASTA", ya no quiero más de eso. Lo dije con convicción, ni siquiera quedan esos malos sentimientos que me albergaban y que me cargaba tener. Simplemente el juego se acabó, dejé de comportarme como una tonta, asumí, crecí, maduré, me aprendí a querer, y entendí que siempre las situaciones por más injustas y dolorosas que sean suceden por una razón, así que saqué el aprendizaje y volví a sonreír.
.
* Occhi Aperti: Ojos abiertos en italiano.
.
Espero que este texto les sirva de ejemplo para decidir salir de ese estado, cuando lean la segunda parte se sorprenderán de lo sabia que es la vida.
.
Desde mi dulce abismo
.
NeGrItA


Bienvenidos a mi espacio ;)
Olvide darles la bienvenida a este espacio, ojala que podamos seguir debatiendo acerca de muchos temas, no sólo de amor y desamor ...
Con cariño para ustedes :)